Ahí estaba ella y allí estaba yo. Un silencio profundo, interminable e increíblemente cómodo. Nos conocíamos de siempre y, aún así, me parecía tan lejana, misteriosa… Total y completamente hermosa.
Sonreía y sus ojos disparaban chispas de esperanza descansando sus manos desenfadadamente sobre la mesa de aquel café tan solitario. Tomé una de ellas entre las mías y su calor me envolvió como una ráfaga.
Le besé el dorso de su mano derecha y sólo se escapó de mis labios: -Te extrañaba. En realidad, extraño todo de ti-.
Me miró y respondió como siempre sabía hacer: -La vida es así pero siempre estaré cerca para ti-.
Sonreía y sus ojos disparaban chispas de esperanza descansando sus manos desenfadadamente sobre la mesa de aquel café tan solitario. Tomé una de ellas entre las mías y su calor me envolvió como una ráfaga.
Le besé el dorso de su mano derecha y sólo se escapó de mis labios: -Te extrañaba. En realidad, extraño todo de ti-.
Me miró y respondió como siempre sabía hacer: -La vida es así pero siempre estaré cerca para ti-.
-Lo sé, mamá-.