sábado, 28 de marzo de 2009

¿Qué quiero?

Quiero un millón de cosas que vienen de ti.
Quiero un beso y un abrazo.
Que el cielo sea púpura y tus manos me acaricien el alma.
Que el fuego me congele y el frío me abrase hasta las entrañas.
Que se nuble el cielo cuando soy feliz y llueva cuando estoy triste.
Que me digas lo que sientes y luego nos invada el silencio.
Que te escabullas por la noche hasta mi habitación y me asustes hasta darme cuenta quien eres.
Que a veces te llames amor y a veces pasión.
Que seas otra persona de vez en cuando y nunca saber quién eres realmente.
Y al final del día me pregunto, ¿de verdad quiero lo que quiero?
Te quiero a ti y eso es, a la larga, lo que de verdad quiero.

Quiero que no me des nada porque ya me has dado todo.

Adia.

Sus largas pestañas se baten y el 'pum pum' de mi corazón se acelera.
Ha dejado de mirar el libro entre sus manos y se voltea hacia un par de chicas que siempre la acompañan, acomodando perfectamente su dedo índice sobre lo esponjoso de sus labios y yo, como siempre, suspiro ante ese gesto. No puedo evitarlo. No, más bien ni siquiera quiero evitarlo. Me controla y yo me dejo como un juguete, porque me gusta pensar que estoy entre sus manos, que sabe que controla cada parte de mí y que eso le gusta.
La he espiado cada día que ha venido desde el primero. Estoy seguro que no tenemos nada en común pero cada gesto, cada palabra que la he oído susurrar, cada cosa que venga de ella me atrae como un imán, me atrae y yo irremediablemente me dejo ir. Me sonríe y sólo por eso, ya el día de hoy ha valido la pena así el resto haya sido una mierda. Han sido los mejores 3 segundos de mi existencia.

Sus largas pestañas se baten y el 'pum pum' de mi corazón se acelera.
Ha dejado de ver al vacío. Se ha volteado y dirige su mirada irremediablemente en mi dirección, ya no le importa el mundo, ni siquiera el libro, y me sonríe. Me sonríe y trato de no empezar a sudar.
Cada sonrisa que me ha dado desde entonces, me ha hecho sentir especial. Ahora, soy yo el causante de esas sonrisas, y es lo mejor que he podido obtener.


...Me preguntaste un día cuál era el mejor regalo que había tenido en la vida. No lo supe entonces y sólo sonreíste diciendo “el día que lo sepas, me gustaría ser la primera en enterarme”.
No lo sabía en ese momento, pero desde hace un tiempo que me he dado cuenta. Adia, te obtuve a ti y con eso me basta. Eres el mejor regalo que me pudieron dar y ni siquiera lo pedí. Sólo llegaste y te apoderaste de cada centímetro de mi cuerpo.

Me asomo en tus ojos y sé, ahora de verdad sé, que eres lo único que quiero permanente en mi vida...

sábado, 21 de marzo de 2009

Lo Quiero.

Un beso.
Un
beso y me nublas.
Un
beso y soy tuya.
Un único
beso y muero.
Muero cada día, cada tarde y cada noche.
Un
beso que deseo con cada latido de mi corazón.
Que extraño aún sin tenerlo.
Que anhelo y que aún no tengo.
Que me hace morir cuando quiero vivir.
Que me hace dormir cuando debo estar despierta.
¿Qué gano con decirte que lo quiero y no lo tengo?
¿Qué gano con tenerlo y no quererlo?
Un
beso.
Pero un
beso sin más.
Porque cuando me besas dejo de ser yo y dejas de ser tú.
Y somos sólo un par de tontos en un parque.
Que se buscan, que se encuentran y que nunca se alejan.
Que viven para besar y ser besados.
Amarrados en un abrazo entre labios que no se a
lejan.
Dejan de ser bocas para ser beso.
Porque eso eres tú.
Una persona que ya es amada.
Y unos labios que son eso. Mi beso.

*****************
-Me lo debes- susurré.
-¿El qué?- me preguntaste con los ojos entrecerrados por las gruesas gotas de lluvia que se empeñaban en quedarse enredadas entre tus pestañas.
-No te hagas el idiota. Sabes de lo que te hablo-.
Sonreíste y me di cuenta que tus labios eran lo único que se mantenía seco de tu cuerpo y mi cuerpo empapados por estar al aire libre en un día de abril.
-Bien sabes que lo sé, pero tú me lo dirás-. Tu mano derecha me rozó la mejilla izquierda y se llevó parte de la humedad ahí acumulada mientras me rendía a tu tacto. -¿Qué te debo?-.
Cerré los ojos.
-Mi beso-.

-¿Cuál beso?-.
-El primer beso que me robaste. Lo quiero. Lo quiero de vuelta-.
-¿Para qué?-.
Abrí los ojos y noté mi reflejo en tus pupilas. Unas pupilas de oro incandescente que me derretían de adentro hacia fuera y que sentía que me acariciaban con igual ternura que si fuera una de sus manos.
-Para guardarlo cuando no estés... Porque no se cuánto tiempo te quedes y quiero todo lo que puedas darme-.
-Me quedaré hasta el momento que tu quieras que me vaya-.

lunes, 16 de marzo de 2009

No es suficiente.

-Siento no ser como tú-.

Se me salió aquello sin pretenderlo y sin embargo no noté ningún arrepentimiento en aquello… Había sido completamente honesta ésta vez y empezaba a pensar que de ahora en adelante podría volver a hacerlo... Una y otra vez si lo querías así.

-¿Hablas de ser adulta y tener responsabilidades? ¿De preocuparte todos los días? ¿De tener cuentas que pagar y dejar de ver a los amigos?-.

Habías vuelto a las andadas… Como siempre, he de admitir, pero eso no evitó separarme del lugar donde me encontraba y mirarte directamente a los ojos que me devolvieron la mirada, totalmente divertidos.

-No. En realidad me refería a poder enfrentarme al mundo por lo que siento… Si no hubiera sido tan inmadura, estaríamos juntos…-.

-Si no hubieras sido tan inmadura, no te hubiera querido y si no te hubiera querido, no habría tenido lo que tengo ahora…-.

-¿Y qué tienes ahora?-.

-Alguien que me recordó lo que era querer…-.

-Eso ya creo que lo sabías- repuse convencida que a sus casi 30 no hubiera querido a nadie más que a mí.

-No… Sólo recordé que debía querer a alguien como se quiere en la adolescencia… Con inseguridades y con certezas, pero siempre con el corazón y no con la cabeza-.

No pude reprimir una sonrisa sincera cuando tus ojos centellearon de forma intensa y tu sonrisa me deslumbraba y, sin poder evitarlo me acercaba más hacía ti con aquella ansia loca de los que aún no han terminado de madurar.

-Al menos uno de los dos tiene seguridad en lo que siente… Yo por el momento, sólo me dejo llevar…-.

-No esperaría menos de ti… Añoro esa tarde en que me partiste el labio porque no querías leer el Quijote y me lanzaste el primer tomo con toda la fuerza que fuiste capaz-.Tu risa divertida resonó en mis oídos como música y suspiraste echando tu aliento sobre mi cabello y luego te restregabas contra el.- Quiero que me quieras, no me importa como lo demuestres… A estas alturas, sólo quiero que te quedes conmigo un noche para convencerte de quedarte hasta la noche siguiente y retenerte siempre-.

-¡Qué rayos, Daniel! Me quedaré contigo cada noche hasta que me convenzas que debo marcharme… Pero hoy es la última vez que me convences de algo… Te será imposible alejarme de ti después de ésta-.

-Créeme… No esperaba escuchar otra cosa que esa-.

-Te aseguro que no es así-.

-¿Cómo que no?-.

Suspiré y solo pude soltar: -Te amo-.

Y aún sin poderme sentir más infantil, me acurruqué con fuerza contra tu pecho, sintiendo la misma respuesta de tu parte.

-Recuerda Neia… Sólo si me dijeran que el silencio es suficiente para vivir sin ti, lo dejaría todo porque nada es suficiente sin ti-.

Un suave beso contra mi frente me hizo sonreír. Sin duda es lo mejor que han escuchado mis oídos.

jueves, 12 de marzo de 2009

Cállate.

-No te sigo-.

Lara caminó hasta el ventanal que daba al balcón donde la tenue luz de la luna le iluminó la mitad del rostro, mientras que el resto permanecía oculto con las sombras.
Ni siquiera habían encendido las luces al llegar y mucho menos se habían cambiado.
Ella todavía vestía aquel fino vestido de satén vinotinto y gran escote en la espalda, aunque ya no llevaba el cabello lacio como al inicio de la noche ni las sandalias de tacón de 7 cm, todavía se veía atractiva a los ojos de Damián quién había soltado el lazo de la corbata y unos cuantos botones de la camisa.
Lo miró y sólo pudo atinar a encoger los hombros con desgana mientras se volvía a la ventana, miraba un punto indefinido en el horizonte y él resoplaba con fuerza, dando un par de pasos a la izquierda con los brazos en la cintura y los ojos en blanco.

-Deberías ver lo que haces a veces... Siempre metes la pata-.
-Sigo sin saber de qué demonios me hablas... Recuerda que no capto las indirectas-.

-Sí, y así como no las captas, tampoco sabes decirlas...- susurró para sí mismo antes de clavarle la mirada fijamente.

-¿Sábes qué? No estoy para juegos, dime lo que quieras y...-.
-No sé por qué aún estoy contigo... Piensas en todo como si no fuera contigo, no te importa que lo que haces y lo que dices, la mayoría de las veces, no es lo que deberías-soltó de repente aflojando los brazos y dejándolos caer a lado y lado de su cuerpo.
Lara lo miró por primera vez desde que habían empezado a discutir sin poder evitar llenarse de ira, cruzándose de brazos y cambiando el peso de pie.
-Estoy aburrida, Damián. Estoy aburrida de los "deberías". No me interesan las indirectas porque así no soy yo, no estoy para andar con hipocresías, ni para esconder lo que pienso... Si eso te molesta, entonces no deberías estar conmigo-.
-¿Y tú crees que yo también estoy haciendo lo que debería? Me lo he jugado todo por ti y mira como me pagas-.

-Yo no te dije que lo hicieras. No te dije que volvieras y mucho menos estuve atormentándote el tiempo que no estuviste aquí... Si piensas que te voy a pedir que te quedes, ya vas por mal camino... Tú, con tu vida, puedes hacer lo que te venga en gana, así como espero que me dejes hacer con la mía lo que yo quiera... Ahí está la puerta. Si quieres quedarte, quédate. Si quieres irte, vete. Yo no le digo a nadie lo que debería o no, hacer. Cada quien está en capacidad de elegir lo que quiere hacer-.
Se volteó y salió con gracia hacia el balcón, dejándolo con la palabra en la boca sin saber qué hacer. Damián metió la mano derecha en el bolsillo, suspiró y caminó hasta ella, apoyándose en el marco del ventanal.
-Lara... Me quedo-.Ella se volteó y caminó hacia él, quedando a un palmo de distancia levantando la mirada lo suficiente para mirarlo a los ojos. -Necesito que...-.

-Shh. No digas nada-.Se abrazó a él cerrando los ojos.
-Pero...-insistió.
-Cállate. No me interesa lo que tengas para decir. Ya hiciste tu elección-.

Yo hice la mía... Y eres .

domingo, 8 de marzo de 2009

Miércoles.

-Quiero una foto tuya...-.
La claridad de la puesta de sol se filtraba por el enorme ventanal que cubría completamente una pared y la suave brisa marina mecía con gracia un par de cortinas blancas.

Estaba recostado a su lado con su nariz casi tocándo la de ella y mirando fijamente con sus ojos azules mientras ella dormitaba descansando con sus cabellos caoba esparcidos sobre la almohada coloreada de azul medianoche y con la sábana del mismo color, medio envuelta sobre su cuerpo.
Rodeó su cintura suavemente y la despertó con una sonrisa deslumbrante.
-Quiero una foto tuya. Sonriendo-.
-¿Para qué?-respondió ella con voz pastosa y arrebujándose contra el pecho desnudo de él que parecía estar más tibio que la misma sábana.- Dame una buena razón y lo hago-.
-Para saber que eres real-.

-Y ahora, ¿no soy más real que una sonrisa congelada?-.
Levantó la cara que tenía contra su cuello aspirando los rastros de la colonia que se había echado la noche anterior y lo miró con ojos curiosos todavía a medio abrir.

-Eres tan real que das miedo... Sólo quiero verte y pensar que te conozco aunque no sea verdad-.
-Me conoces más que todos... Conoces todo lo que no quiero mostrar y aún así te quedas aquí-.
-Pero también quiero saber lo que muestras, lo que los demás conocen tan bien... Qué es lo que te gusta y lo que no. Qué haces cuando no haces nada. Cómo te gusta el café... No sé, ésa clase de cosas -.

Se oyó a lo lejos el rugido de las olas chocar contra la escollera y ella volvió a su lugar contra su cuello y su perfume mientras los invadía el silencio y él miraba fijamente el vestido violeta de ella que se encontraba descuidadamente puesto sobre la silla.
-Me gustan los miércoles. Odio el olor a cigarrillo. Y cuando no hago nada voy a la cafetería y me tomo un nevado de café con arequipe y crema chantilly, que es mi favorito-.
-Comprendo todo menos lo de los miércoles... ¿Por qué? La mayoría lo odia-.
-No sé, me gustan porque no son inicio ni son fin. Son como un país neutral en la mitad de dos que están en guerra. Son como yo... Todo y nada a la vez. Están como me siento yo, dentro de algo pero no son parte de nada-.
-Sí eres parte de algo... Eres
parte de mí-.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Tu Culpa. Mi Culpa. De Nadie. De Ambos.


Y ahí estaba señalándome con el dedo índice muy cerca a mi nariz y sonriendo a menos de 10 centímetros de mi boca.
-Es tu culpa-rezongó.
-¿Me estoy quejando?-.
-Puede que no, pero igual es tu culpa...-.
-Rayos! Ya deja eso...-.
-No-.
-¿Ah, no?- le piqué intencionalmente.
-Yo te decía 'no, Ire, no' y tu seguías como si nada... Y ya ves...-.
Le miré fijamente mientras suavemente la mano que se ceñía a mi cintura subió descaradamente y rozó mi pecho izquierdo sin pudor alguno y una pequeña descarga eléctrica me recorrió la columna vertebral desde el inicio hasta el fin apartándome de él de forma inmediata.
-¡Eres un atrevido!- le susurré.
-Es tu culpa... Tú propiciaste todo. Yo sólo te advertí- se cruzó de brazos dejándome a mí cargar con toda la culpa.
-No me estoy arrepintiendo de lo que pasó. Sólo no es el lugar-.
Volvió a intentar mover la mano de lugar y yo me envaré enseguida.
-Yo estaba todo caliente por el sueño que me hiciste contarte con el 'tenemos que quitarnos la vergüenza' y después me arrinconas y pretendes que no haga nada?-.
-¿O sea que no te le niegas a ninguna mujer?-.
-Bueno... Eres tú y tú fuiste la que insistió... No soy de piedra-.
-Pero no por eso tienes que pretender que todo lo que tocaste ayer, lo vas a volver a tocar en un futuro cercano-.
-Untado el dedo, untada la mano, Irene-.


¿Tu culpa? ¿Mi culpa? No, sólo fue culpa del momento.

domingo, 1 de marzo de 2009

Hablando del Pasado.


-¿Cuánto hace que estás aquí?- inquirió una voz a mis espaldas.
Sabía quién era, pero no quería verlo. Quería responderle, sí, pero no verlo; aún así, dudé un instante antes de susurrar: -Un rato-.
Una gota de lluvia me mojó la punta de la nariz y me hizo cosquillas mientras aquel personaje que no había llamado, se sentaba a mi izquierda mientras la gente seguía viéndome -ahora, viéndonos- con aprehensión.
-¿Vale la pena?- pregunté aún sin mirarlo.
-¿El qué?-.
Encogí mis hombros mientras intentaba elegir las palabras correctas para decir aquello.
-No sé... ¿Seguir con tu vida y todo eso?-.
-¿Vale la pena?- contraatacó dejándome aturdida por un instante.
-¿El qué vale la pena, Damián?-.
-No sé... ¿Quedarte a vivir en los recuerdos?-.
Aquella respuesta me dejó sin palabras que decir y con muchas lágrimas para llorar. Sabía que siempre lo lograba y aún así, seguía cayendo como una tonta en sus juegos de palabras, no entendía como siempre que intentaba sacarlo de juego, tenía un as bajo la manga y la que terminaba perdiendo era yo.
Me levanté dispuesta a irme así fuera derrotada cuando un brazo se ciñó fuertemente a mi cintura y una respiración contra mi cuello me erizaba el vello.
-No-.
-¿No qué?- inquirí totalmente confusa ante semejante muestra de rareza de su parte.
-No a que te vayas... No a que no vale la pena porque realmente nunca sigues adelante. Sigues estancado en el mismo pasado que pudiste cambiar y que ahora es que estás dispuesto a hacerlo. No a dejarte ir. De nuevo-.
No hablé. Aunque tampoco hizo falta.
De los dos, la que mejor parada estaba en aquel instante era yo, yo había lidiado con todo desde el principio cuando él sólo buscaba ignorarlo.

Al final de cuentas, gané yo... SIEMPRE gano yo.

Invéntame.

Invéntame lugares desconocidos, nunca descubiertos. Ríos para beber y lagos para nadar desnudos.

Créate un mundo paralelo en el que no digas nunca que no y siempre digas si, donde te pierdas y no te importe, donde tu y yo no seamos más que una mota de polvo que es llevada por la brisa en cualquier momento y sin destino previo.

Inventa el color correcto y píntame como me ves. Incompleta. Satisfecha. Libre. Llena de ti.

Llévame a las estrellas y apágalas con un soplo. Mátame y devuélveme la vida. Quítamelo todo y sólo quédate tú.

Inventa una historia donde no sea yo la que huye sino tú el que me persigue.

Perdida.

-¿Dónde estabas que no te encontraba?-.
Adam susurraba contra la piel erizada de su cuello mordiendo de vez en cuando aquella zona que le volvía loco mientras ella se retorcía de placer entre sus brazos. Nunca había sentido esa necesidad imperiosa de estar tan cerca de alguien y sentirse casi fundida con él; no lo entendía. No entendía como se sentía tan bien pero luego sus impulsos se callaban cuando la vocecita en su cabeza le gritaba desde lo más profundo que tuviera cuidado, aunque en aquellos momentos, sólo estaba dejándose llevar por la corriente. La corriente de placer que la arrastraba en espirales hasta el infierno mismo porque era calor, calor lo que encendía sus entrañas y, seguía sin entenderlo.
A pesar que tenía la garganta seca de pasar tanta saliva, con la voz ronca por la excitación sólo dijo: -Tócame... Y vuélveme loca como todas las noches... Hazme reír. Llorar. Haz lo que quieras pero sólo déjame sentirte como siempre; MÍO-.
Lo dejó sin palabras, como siempre, aún no entendía como ella le aturdía hasta quedar con la mente en blanco y cómo podía llegar a excitarle tanto con las cosas que decía mientras estaba en trance, a punto de tener un orgasmo sin él siquiera haberla acariciado.
Ronroneó sobre su nuca y sintió como volvía a erizarse el vello en esa zona mientras acariciaba sus hombros y deslizando los tirantes de la blusa que llevaba, mientras sentía la electricidad pasar de su cuerpo al de ella, volviendo a hacer la misma pregunta.
-¿Dónde estabas que no te encontraba?-.
-Perdida. Como siempre me he sentido hasta que me mostraste que la oscuridad también es luz cuando dejas de asustarte- respondió voltéandose hacia el, encerrando su cara con las manos y acariciando su labio inferior con sus pulgares.
Se acercó lo suficiente para acariciar su aliento con el propio, envolviendo su boca contra la de ella, dejándose caer en un millón de sensaciones...
Perdiéndose en ella...
...Para encontrarse después...


No sabía que estaba PERDIDA hasta que me encontraste...