Un beso.
Un beso y me nublas.
Un beso y soy tuya.
Un único beso y muero.
Muero cada día, cada tarde y cada noche.
Un beso que deseo con cada latido de mi corazón.
Que extraño aún sin tenerlo.
Que anhelo y que aún no tengo.
Que me hace morir cuando quiero vivir.
Que me hace dormir cuando debo estar despierta.
¿Qué gano con decirte que lo quiero y no lo tengo?
¿Qué gano con tenerlo y no quererlo?
Un beso.
Pero un beso sin más.
Porque cuando me besas dejo de ser yo y dejas de ser tú.
Y somos sólo un par de tontos en un parque.
Que se buscan, que se encuentran y que nunca se alejan.
Que viven para besar y ser besados.
Amarrados en un abrazo entre labios que no se alejan.
Dejan de ser bocas para ser beso.
Porque eso eres tú.
Una persona que ya es amada.
Y unos labios que son eso. Mi beso.
Un beso y me nublas.
Un beso y soy tuya.
Un único beso y muero.
Muero cada día, cada tarde y cada noche.
Un beso que deseo con cada latido de mi corazón.
Que extraño aún sin tenerlo.
Que anhelo y que aún no tengo.
Que me hace morir cuando quiero vivir.
Que me hace dormir cuando debo estar despierta.
¿Qué gano con decirte que lo quiero y no lo tengo?
¿Qué gano con tenerlo y no quererlo?
Un beso.
Pero un beso sin más.
Porque cuando me besas dejo de ser yo y dejas de ser tú.
Y somos sólo un par de tontos en un parque.
Que se buscan, que se encuentran y que nunca se alejan.
Que viven para besar y ser besados.
Amarrados en un abrazo entre labios que no se alejan.
Dejan de ser bocas para ser beso.
Porque eso eres tú.
Una persona que ya es amada.
Y unos labios que son eso. Mi beso.
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-Me lo debes- susurré.
-¿El qué?- me preguntaste con los ojos entrecerrados por las gruesas gotas de lluvia que se empeñaban en quedarse enredadas entre tus pestañas.
-No te hagas el idiota. Sabes de lo que te hablo-.
Sonreíste y me di cuenta que tus labios eran lo único que se mantenía seco de tu cuerpo y mi cuerpo empapados por estar al aire libre en un día de abril.
-Bien sabes que lo sé, pero tú me lo dirás-. Tu mano derecha me rozó la mejilla izquierda y se llevó parte de la humedad ahí acumulada mientras me rendía a tu tacto. -¿Qué te debo?-.
Cerré los ojos.
-Mi beso-.
-¿Cuál beso?-.
-El primer beso que me robaste. Lo quiero. Lo quiero de vuelta-.
-¿Para qué?-.
Abrí los ojos y noté mi reflejo en tus pupilas. Unas pupilas de oro incandescente que me derretían de adentro hacia fuera y que sentía que me acariciaban con igual ternura que si fuera una de sus manos.
-Para guardarlo cuando no estés... Porque no se cuánto tiempo te quedes y quiero todo lo que puedas darme-.
-Me quedaré hasta el momento que tu quieras que me vaya-.
-Me lo debes- susurré.
-¿El qué?- me preguntaste con los ojos entrecerrados por las gruesas gotas de lluvia que se empeñaban en quedarse enredadas entre tus pestañas.
-No te hagas el idiota. Sabes de lo que te hablo-.
Sonreíste y me di cuenta que tus labios eran lo único que se mantenía seco de tu cuerpo y mi cuerpo empapados por estar al aire libre en un día de abril.
-Bien sabes que lo sé, pero tú me lo dirás-. Tu mano derecha me rozó la mejilla izquierda y se llevó parte de la humedad ahí acumulada mientras me rendía a tu tacto. -¿Qué te debo?-.
Cerré los ojos.
-Mi beso-.
-¿Cuál beso?-.
-El primer beso que me robaste. Lo quiero. Lo quiero de vuelta-.
-¿Para qué?-.
Abrí los ojos y noté mi reflejo en tus pupilas. Unas pupilas de oro incandescente que me derretían de adentro hacia fuera y que sentía que me acariciaban con igual ternura que si fuera una de sus manos.
-Para guardarlo cuando no estés... Porque no se cuánto tiempo te quedes y quiero todo lo que puedas darme-.
-Me quedaré hasta el momento que tu quieras que me vaya-.
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