-¿Cuánto hace que estás aquí?- inquirió una voz a mis espaldas.
Sabía quién era, pero no quería verlo. Quería responderle, sí, pero no verlo; aún así, dudé un instante antes de susurrar: -Un rato-.
Una gota de lluvia me mojó la punta de la nariz y me hizo cosquillas mientras aquel personaje que no había llamado, se sentaba a mi izquierda mientras la gente seguía viéndome -ahora, viéndonos- con aprehensión.
-¿Vale la pena?- pregunté aún sin mirarlo.
-¿El qué?-.
Encogí mis hombros mientras intentaba elegir las palabras correctas para decir aquello.
-No sé... ¿Seguir con tu vida y todo eso?-.
-¿Vale la pena?- contraatacó dejándome aturdida por un instante.
-¿El qué vale la pena, Damián?-.
-No sé... ¿Quedarte a vivir en los recuerdos?-.
Aquella respuesta me dejó sin palabras que decir y con muchas lágrimas para llorar. Sabía que siempre lo lograba y aún así, seguía cayendo como una tonta en sus juegos de palabras, no entendía como siempre que intentaba sacarlo de juego, tenía un as bajo la manga y la que terminaba perdiendo era yo.
Me levanté dispuesta a irme así fuera derrotada cuando un brazo se ciñó fuertemente a mi cintura y una respiración contra mi cuello me erizaba el vello.
-No-.
-¿No qué?- inquirí totalmente confusa ante semejante muestra de rareza de su parte.
-No a que te vayas... No a que no vale la pena porque realmente nunca sigues adelante. Sigues estancado en el mismo pasado que pudiste cambiar y que ahora es que estás dispuesto a hacerlo. No a dejarte ir. De nuevo-.
No hablé. Aunque tampoco hizo falta.
De los dos, la que mejor parada estaba en aquel instante era yo, yo había lidiado con todo desde el principio cuando él sólo buscaba ignorarlo.
Al final de cuentas, gané yo... SIEMPRE gano yo.
Sabía quién era, pero no quería verlo. Quería responderle, sí, pero no verlo; aún así, dudé un instante antes de susurrar: -Un rato-.
Una gota de lluvia me mojó la punta de la nariz y me hizo cosquillas mientras aquel personaje que no había llamado, se sentaba a mi izquierda mientras la gente seguía viéndome -ahora, viéndonos- con aprehensión.
-¿Vale la pena?- pregunté aún sin mirarlo.
-¿El qué?-.
Encogí mis hombros mientras intentaba elegir las palabras correctas para decir aquello.
-No sé... ¿Seguir con tu vida y todo eso?-.
-¿Vale la pena?- contraatacó dejándome aturdida por un instante.
-¿El qué vale la pena, Damián?-.
-No sé... ¿Quedarte a vivir en los recuerdos?-.
Aquella respuesta me dejó sin palabras que decir y con muchas lágrimas para llorar. Sabía que siempre lo lograba y aún así, seguía cayendo como una tonta en sus juegos de palabras, no entendía como siempre que intentaba sacarlo de juego, tenía un as bajo la manga y la que terminaba perdiendo era yo.
Me levanté dispuesta a irme así fuera derrotada cuando un brazo se ciñó fuertemente a mi cintura y una respiración contra mi cuello me erizaba el vello.
-No-.
-¿No qué?- inquirí totalmente confusa ante semejante muestra de rareza de su parte.
-No a que te vayas... No a que no vale la pena porque realmente nunca sigues adelante. Sigues estancado en el mismo pasado que pudiste cambiar y que ahora es que estás dispuesto a hacerlo. No a dejarte ir. De nuevo-.
No hablé. Aunque tampoco hizo falta.
De los dos, la que mejor parada estaba en aquel instante era yo, yo había lidiado con todo desde el principio cuando él sólo buscaba ignorarlo.
0 Personas que Demostraron Que es Posible:
Publicar un comentario