Adam susurraba contra la piel erizada de su cuello mordiendo de vez en cuando aquella zona que le volvía loco mientras ella se retorcía de placer entre sus brazos. Nunca había sentido esa necesidad imperiosa de estar tan cerca de alguien y sentirse casi fundida con él; no lo entendía. No entendía como se sentía tan bien pero luego sus impulsos se callaban cuando la vocecita en su cabeza le gritaba desde lo más profundo que tuviera cuidado, aunque en aquellos momentos, sólo estaba dejándose llevar por la corriente. La corriente de placer que la arrastraba en espirales hasta el infierno mismo porque era calor, calor lo que encendía sus entrañas y, seguía sin entenderlo.
A pesar que tenía la garganta seca de pasar tanta saliva, con la voz ronca por la excitación sólo dijo: -Tócame... Y vuélveme loca como todas las noches... Hazme reír. Llorar. Haz lo que quieras pero sólo déjame sentirte como siempre; MÍO-.
Lo dejó sin palabras, como siempre, aún no entendía como ella le aturdía hasta quedar con la mente en blanco y cómo podía llegar a excitarle tanto con las cosas que decía mientras estaba en trance, a punto de tener un orgasmo sin él siquiera haberla acariciado.
Ronroneó sobre su nuca y sintió como volvía a erizarse el vello en esa zona mientras acariciaba sus hombros y deslizando los tirantes de la blusa que llevaba, mientras sentía la electricidad pasar de su cuerpo al de ella, volviendo a hacer la misma pregunta.
-¿Dónde estabas que no te encontraba?-.
-Perdida. Como siempre me he sentido hasta que me mostraste que la oscuridad también es luz cuando dejas de asustarte- respondió voltéandose hacia el, encerrando su cara con las manos y acariciando su labio inferior con sus pulgares.
Se acercó lo suficiente para acariciar su aliento con el propio, envolviendo su boca contra la de ella, dejándose caer en un millón de sensaciones...
Perdiéndose en ella...
...Para encontrarse después...
No sabía que estaba PERDIDA hasta que me encontraste...
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