jueves, 12 de marzo de 2009

Cállate.

-No te sigo-.

Lara caminó hasta el ventanal que daba al balcón donde la tenue luz de la luna le iluminó la mitad del rostro, mientras que el resto permanecía oculto con las sombras.
Ni siquiera habían encendido las luces al llegar y mucho menos se habían cambiado.
Ella todavía vestía aquel fino vestido de satén vinotinto y gran escote en la espalda, aunque ya no llevaba el cabello lacio como al inicio de la noche ni las sandalias de tacón de 7 cm, todavía se veía atractiva a los ojos de Damián quién había soltado el lazo de la corbata y unos cuantos botones de la camisa.
Lo miró y sólo pudo atinar a encoger los hombros con desgana mientras se volvía a la ventana, miraba un punto indefinido en el horizonte y él resoplaba con fuerza, dando un par de pasos a la izquierda con los brazos en la cintura y los ojos en blanco.

-Deberías ver lo que haces a veces... Siempre metes la pata-.
-Sigo sin saber de qué demonios me hablas... Recuerda que no capto las indirectas-.

-Sí, y así como no las captas, tampoco sabes decirlas...- susurró para sí mismo antes de clavarle la mirada fijamente.

-¿Sábes qué? No estoy para juegos, dime lo que quieras y...-.
-No sé por qué aún estoy contigo... Piensas en todo como si no fuera contigo, no te importa que lo que haces y lo que dices, la mayoría de las veces, no es lo que deberías-soltó de repente aflojando los brazos y dejándolos caer a lado y lado de su cuerpo.
Lara lo miró por primera vez desde que habían empezado a discutir sin poder evitar llenarse de ira, cruzándose de brazos y cambiando el peso de pie.
-Estoy aburrida, Damián. Estoy aburrida de los "deberías". No me interesan las indirectas porque así no soy yo, no estoy para andar con hipocresías, ni para esconder lo que pienso... Si eso te molesta, entonces no deberías estar conmigo-.
-¿Y tú crees que yo también estoy haciendo lo que debería? Me lo he jugado todo por ti y mira como me pagas-.

-Yo no te dije que lo hicieras. No te dije que volvieras y mucho menos estuve atormentándote el tiempo que no estuviste aquí... Si piensas que te voy a pedir que te quedes, ya vas por mal camino... Tú, con tu vida, puedes hacer lo que te venga en gana, así como espero que me dejes hacer con la mía lo que yo quiera... Ahí está la puerta. Si quieres quedarte, quédate. Si quieres irte, vete. Yo no le digo a nadie lo que debería o no, hacer. Cada quien está en capacidad de elegir lo que quiere hacer-.
Se volteó y salió con gracia hacia el balcón, dejándolo con la palabra en la boca sin saber qué hacer. Damián metió la mano derecha en el bolsillo, suspiró y caminó hasta ella, apoyándose en el marco del ventanal.
-Lara... Me quedo-.Ella se volteó y caminó hacia él, quedando a un palmo de distancia levantando la mirada lo suficiente para mirarlo a los ojos. -Necesito que...-.

-Shh. No digas nada-.Se abrazó a él cerrando los ojos.
-Pero...-insistió.
-Cállate. No me interesa lo que tengas para decir. Ya hiciste tu elección-.

Yo hice la mía... Y eres .

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