Y ahí estaba señalándome con el dedo índice muy cerca a mi nariz y sonriendo a menos de 10 centímetros de mi boca.
-Es tu culpa-rezongó.
-¿Me estoy quejando?-.
-Puede que no, pero igual es tu culpa...-.
-Rayos! Ya deja eso...-.
-No-.
-¿Ah, no?- le piqué intencionalmente.
-Yo te decía 'no, Ire, no' y tu seguías como si nada... Y ya ves...-.
Le miré fijamente mientras suavemente la mano que se ceñía a mi cintura subió descaradamente y rozó mi pecho izquierdo sin pudor alguno y una pequeña descarga eléctrica me recorrió la columna vertebral desde el inicio hasta el fin apartándome de él de forma inmediata.
-¡Eres un atrevido!- le susurré.
-Es tu culpa... Tú propiciaste todo. Yo sólo te advertí- se cruzó de brazos dejándome a mí cargar con toda la culpa.
-No me estoy arrepintiendo de lo que pasó. Sólo no es el lugar-.
Volvió a intentar mover la mano de lugar y yo me envaré enseguida.
-Yo estaba todo caliente por el sueño que Tú me hiciste contarte con el 'tenemos que quitarnos la vergüenza' y después me arrinconas y pretendes que no haga nada?-.
-¿O sea que no te le niegas a ninguna mujer?-.
-Bueno... Eres tú y tú fuiste la que insistió... No soy de piedra-.
-Pero no por eso tienes que pretender que todo lo que tocaste ayer, lo vas a volver a tocar en un futuro cercano-.
-Untado el dedo, untada la mano, Irene-.
¿Tu culpa? ¿Mi culpa? No, sólo fue culpa del momento.
-Es tu culpa-rezongó.
-¿Me estoy quejando?-.
-Puede que no, pero igual es tu culpa...-.
-Rayos! Ya deja eso...-.
-No-.
-¿Ah, no?- le piqué intencionalmente.
-Yo te decía 'no, Ire, no' y tu seguías como si nada... Y ya ves...-.
Le miré fijamente mientras suavemente la mano que se ceñía a mi cintura subió descaradamente y rozó mi pecho izquierdo sin pudor alguno y una pequeña descarga eléctrica me recorrió la columna vertebral desde el inicio hasta el fin apartándome de él de forma inmediata.
-¡Eres un atrevido!- le susurré.
-Es tu culpa... Tú propiciaste todo. Yo sólo te advertí- se cruzó de brazos dejándome a mí cargar con toda la culpa.
-No me estoy arrepintiendo de lo que pasó. Sólo no es el lugar-.
Volvió a intentar mover la mano de lugar y yo me envaré enseguida.
-Yo estaba todo caliente por el sueño que Tú me hiciste contarte con el 'tenemos que quitarnos la vergüenza' y después me arrinconas y pretendes que no haga nada?-.
-¿O sea que no te le niegas a ninguna mujer?-.
-Bueno... Eres tú y tú fuiste la que insistió... No soy de piedra-.
-Pero no por eso tienes que pretender que todo lo que tocaste ayer, lo vas a volver a tocar en un futuro cercano-.
-Untado el dedo, untada la mano, Irene-.
¿Tu culpa? ¿Mi culpa? No, sólo fue culpa del momento.

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